La nueva adicción.
Por: Cecilia Rodriguez
La comunicación entre muchos niños y adolescentes tiene hoy cada vez menos que ver con tonos de voz.
LUXEMBURGO. Entre las pocas tarjetas de navidad que recibimos este año hubo una que me dejó intrigada. Junto con los acostumbrados augurios de paz y prosperidad, alguien decidió incluir "silencio".
Nuestro amigo probablemente se refiere al "nuevo ruido" o exceso de conexiones a través de dispositivos manuales como teléfonos y computadores portátiles. A ese paroxismo de "interconectividad" de nuestros días que está ligado a la amplificación de un "nuevo" silencio. No el silencio "a la antigua" tan natural como el aire y que muchos niños de hoy y del futuro probablemente no van a conocer. Sino el de nuestras voces que se callan en directa proporción al acceso, dependencia y adicción a pantallas digitales que nos enmudecen con mensajes, sonidos, chateo, música, imágenes. A diferencia del redundante "silencio mudo" de nuestro himno nacional, este es un paradójico "silencio ruidoso".
La comunicación entre muchos niños y adolescentes del mundo hoy tiene cada vez menos que ver con tonos de voz, entonación de frases o gestos y manerismos y más con la velocidad con que pueden mover los dedos pulgares para escribir mensajes en pequeños tableros digitales, sin hablar aun cuando están sentados uno al lado del otro. Permanentemente conectados con gente de todas partes desde cualquier lugar del mundo, nuestras relaciones interpersonales se multiplican al tiempo que las conversaciones cara a cara desaparecen y no solo entre los jóvenes. Gran parte de los usuarios de dispositivos electrónicos y miembros de redes sociales por Internet pasan más tiempo con gente con la que no están que con los que tienen al frente. Ni aquí ni allá.
No me estoy quejando. A regañadientes estoy aprendiendo a aceptar que es mas fácil mantener relaciones a través de prácticos y frecuentes mensajes electrónicos, que encuentros cara a cara que requieren tiempo, concentración y esfuerzo para entender innuendos, escuchar explicaciones y comentarios, interpretar miradas o expresiones faciales imposibles de ignorar o cerrar al golpe de una tecla. No más cartas o postales y cada vez menos tarjetas navideñas. Largas conversaciones telefónicas son también cosa del pasado. Vestida en un viejo suéter y jeans, mirando el tiempo inclemente por la ventana, paso gran parte de mis días confortablemente sentada frente a este computador a través del cual mantengo contacto con mis hijos universitarios lejos de aquí, con familia, amigos y colegas cercanos y lontanos. Desde aquí pago cuentas, leo artículos y atiendo obligaciones profesionales. Ya ni recuerdo cómo hacía en el pasado para planear viajes, hacer reservaciones, comprar tiquetes o encontrar una buena receta.
Un clic para quedarse y un clic para desaparecer. Con un par de clics amigas y primas solteronas y divorciadas mantienen la esperanza de encontrar el amor de sus vidas. Los ejemplos de parejas que se conocen y enamoran por Internet abundan en todas partes y se admiten sin reservas. Al mismo tiempo, el uso o abuso de aparatos electrónicos aparece entre las principales causas de disputas domésticas. En el trabajo, encontrar el balance es aún mas difícil. Muchos desafortunadamente entran al ámbito de la adicción más extendida de nuestros días, la inhabilidad para separar vida laboral de vida privada. Llamémosla IPD o Incapacidad Para Desconectarse.
Conversaciones interrumpidas por estar chequeando pantallitas; ansiedad por leer cada mensaje, cada segundo; la necesidad de sentirse conectado que impide participar del mundo real alrededor. "La concentración en cualquier actividad es interrumpida por la irresistible urgencia de leer e-mails o textos cuya ausencia a su vez provoca ansiedad de sentirse ignorado o indeseado, lo cual está ligado directamente a baja autoestima y malos resultados en lo que se está haciendo", explica el columnista Roger Cohen.
Más que buscar el viejo silencio, este año podemos aspirar a mantener un balance sano entre la vida digital y la vida real.
Fuente:http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/ceciliarodrguez/la-nueva-adiccin_10938323-4



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